

Hay artistas que interpretan un género y artistas que lo reinventan desde adentro. Willie Colón perteneció a la segunda categoría, y lo hizo con un instrumento que, hasta que él llegó, nadie había puesto al centro del escenario salsero: el trombón. Nacido William Anthony Colón Román el 28 de abril de 1950 en el Bronx, Nueva York, hijo de padres puertorriqueños, Colón se convirtió en una de las figuras más determinantes en la historia de la música latina — no solo como intérprete, sino como arreglista, productor, compositor y, en más de una ocasión, como voz política de una comunidad entera.
El 21 de febrero de 2026, el mundo de la salsa perdió a su arquitecto. Willie Colón falleció a los 75 años tras varios días hospitalizado por complicaciones respiratorias, rodeado de su familia. La noticia desató una ola de homenajes de figuras como Rubén Blades, quien prometió escribir con calma sobre «su vital e importante legado musical», y de decenas de artistas que crecieron escuchando su sonido. Semanas después, cientos de personas se congregaron en la Catedral de San Patricio en Manhattan para despedirlo. Este artículo es, en parte, nuestra propia forma de honrar ese legado — y una invitación a redescubrirlo a través de los conciertos y grabaciones que hemos reunido en el sitio.
Colón creció en un Bronx donde convivían colombianos, puertorriqueños, cubanos y dominicanos, todos atravesados por la misma tensión entre la promesa del sueño americano y la realidad de la marginalidad urbana. Ese contexto — crudo, callejero, multicultural — terminaría filtrándose directamente en su música. Comenzó con la trompeta a los 12 años, regalo de su abuela, pero dos años después cambió de instrumento: el trombón se convertiría en la decisión que definiría no solo su carrera, sino el sonido entero de la salsa moderna.
Descubierto por Johnny Pacheco, firmó con Fania Records a los 15 años y grabó su primer álbum, El Malo, a los 17. Fue una jugada arriesgada: en una época dominada por las trompetas, Colón colocó el trombón —áspero, flexible, capaz de sonar tan agresivo como festivo— en el centro absoluto del arreglo. Esa decisión alejó a la salsa del romanticismo pulido y la acercó a algo más urbano, más crudo, más fiel a la calle que la había parido.
A finales de los años sesenta, Colón se cruzó con un joven cantante puertorriqueño llamado Héctor Lavoe. Juntos grabaron más de una decena de discos entre 1967 y 1978, formando uno de los dúos más influyentes en la historia del género. La dinámica era clara y poderosa: Colón como cerebro musical y arquitecto de los arreglos, Lavoe como la voz carismática, irónica y profundamente humana que llevaba esas composiciones al público.
Juntos no solo hicieron bailar a toda una generación — también empezaron a incomodar. Temas como «Tiburón» funcionaban como metáforas políticas sobre la intervención estadounidense en América Latina, mientras que su repertorio conjunto redefinió lo que un cantante de salsa podía cantar: ya no solo amor idealizado, sino vulnerabilidad, tragedia y vida cotidiana del barrio.
Puedes escuchar esa época dorada del dúo, y algunos de los momentos que definieron a Colón como solista, en nuestra selección de conciertos: Willie Colón en el Club Scencia de La Molina, 2010 y su presentación en Millennium Park, Chicago, 2018 — dos registros que muestran a un Colón maduro, todavía absolutamente en control del escenario décadas después de sus inicios con Fania.
Si la etapa con Lavoe definió el sonido de Colón, su colaboración con Rubén Blades definió su ambición narrativa. Juntos grabaron Siembra (1978), considerado el disco más vendido en la historia de Fania Records y una de las obras cumbre absolutas del género. Su tema principal, «Pedro Navaja», es una narración de gánsteres, trabajadoras sexuales y borrachos latinos con ecos incluso de Kafka — una salsa que se atrevía a ser literatura sin dejar nunca de ser bailable.
Ese espíritu narrativo y socialmente comprometido está presente en dos de nuestras recomendaciones: Siembra (Live), de Willie Colón y Rubén Blades, y la crónica de una noche histórica en Venezuela con El Poliedro de Caracas Tembló, un registro que capta exactamente esa energía que hacía que sus conciertos se sintieran menos como espectáculo y más como acontecimiento colectivo.
Willie Colón nunca separó su música de su postura política. A lo largo de su carrera fue un defensor activo de causas hispanas — desde el tema migratorio hasta el acceso a salud asequible — y en 1992 llegó a postularse para el Congreso de Estados Unidos por el Distrito 17 de Nueva York, aunque no resultó electo. Esa misma sensibilidad social está detrás de una de sus canciones más importantes y valientes: «El Gran Varón», que narra la historia de Simón, una persona transgénero rechazada por su padre — un tema adelantado por décadas a las conversaciones que la industria musical apenas empieza a tener hoy con naturalidad.
Puedes revivir esa interpretación en nuestra recomendación de El Gran Varón en el Festival de Viña del Mar, 1994, un momento que muestra a Colón llevando un tema de esa complejidad social a uno de los escenarios más grandes de Latinoamérica.
La lista de colaboraciones de Willie Colón a lo largo de más de cinco décadas es prácticamente un mapa de la historia de la música latina: Fania All-Stars, Celia Cruz, y en años más recientes proyectos junto a Marc Anthony. Su asociación con Celia Cruz, en particular, produjo algunos de los encuentros más memorables entre dos titanes absolutos del género, como puedes ver en Celia Cruz & Willie Colón en el Capitol Theatre, 1980.
Colón también fue productor, director de orquesta, escritor —publicó el libro Barrio de Guapos (La vida secreta de Willie Colón)— y hasta actor, con papeles en películas como Vigilante (1983) y El último combate (1983). En 2015, Billboard lo incluyó en su lista de los 30 artistas latinos más influyentes de todos los tiempos, un reconocimiento tardío pero justo para alguien que llevaba medio siglo redefiniendo lo que la salsa podía ser.
Willie Colón no fue solamente uno de los grandes nombres de la salsa: fue, en gran medida, quien decidió qué sonido tendría ese género durante las décadas siguientes. Su trombón, su pluma y su instinto para narrar la vida del barrio con la misma seriedad que un cronista literario dejaron una huella que artistas de generaciones enteras después siguen citando como referencia obligada.
En Recomendaciones de Conciertos seguiremos documentando y compartiendo su obra, no como un archivo cerrado, sino como una biblioteca viva que cualquier nuevo oyente puede descubrir por primera vez. Porque esa, al final, es la mejor forma de honrar a un artista: seguir escuchándolo.
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