

Hay bandas que sobreviven a las modas y las tormentas porque nunca necesitaron pertenecer a ninguna escena. Meat Puppets es una de ellas. Desde los años ochenta, los hermanos Kirkwood han habitado un territorio sonoro propio, entre el punk, el country psicodélico y el desierto eléctrico del suroeste estadounidense. Live Manchester 2019 captura esa esencia: un grupo veterano que no mira atrás con nostalgia, sino con la energía intacta de quien sigue disfrutando el viaje.
Grabado durante la gira europea que acompañó el regreso de Cris Kirkwood al bajo y la entrada de Elmo Kirkwood —hijo de Curt— en la guitarra, este álbum muestra a la banda en plena forma. Son solo cinco canciones, pero cada una se estira como un paisaje sonoro sin prisas, donde los riffs se cruzan con el polvo del camino. “Up on the Sun”, de doce minutos, abre como una meditación luminosa: guitarras que giran en espiral, voces que se funden con el aire, y un groove que se mueve entre el trance y el rock rural.
En “Seal Whales” la banda baja el pulso, pero no la intensidad: es un viaje instrumental donde se siente la madurez de músicos que ya no buscan demostrar nada, solo tocar con autenticidad. “Plateau”, uno de los temas inmortalizados por Nirvana en su MTV Unplugged, suena aquí como un regreso a casa. La interpretación es cálida, casi melancólica, como si los Puppets se reencontraran con una vieja parte de sí mismos.
“Nine Pins” y “Lake of Fire” cierran el set con fuerza contenida. Hay algo ritual en la manera en que la banda se permite dejar respirar cada nota, en cómo el bajo dialoga con las guitarras sin atropellarse, en cómo el silencio tiene tanto peso como el sonido. No hay artificio: solo tres músicos entregados a la comunión de un momento.
El sonido del disco es limpio pero cálido, sin exceso de postproducción. Se siente la cercanía del público, el eco del lugar, la naturalidad del directo. Es un álbum que invita a escucharse de principio a fin, sin interrupciones, como quien observa un atardecer que cambia de colores lentamente.
Live Manchester 2019 no busca revivir el pasado ni reinventar el futuro. Es una afirmación serena: los Meat Puppets siguen aquí, tocando con el mismo pulso honesto que los convirtió en influencia de gigantes. Un recordatorio de que la verdadera psicodelia no necesita artificios, solo autenticidad, oficio y alma.
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