

Hay películas que suenan como una canción que se niega a olvidar, y Mi querido viejo es una de ellas. Estrenada en 1991, esta cinta mexicana reúne a Vicente Fernández y a su hijo Alejandro en una historia que mezcla el drama familiar con la pasión musical. Dirigida por Rafael Villaseñor Kuri, la película rinde homenaje a la herencia del mariachi y a los lazos que se tensan y se curan con canciones.
La trama sigue el distanciamiento entre un padre famoso y su hijo, dos generaciones marcadas por el mismo amor por la música, pero también por el orgullo y las heridas del tiempo. Alejandro interpreta a un joven que busca su propio camino artístico, mientras Vicente representa la figura de un ídolo que teme perder tanto a su familia como a su legado. La historia, sencilla pero emotiva, se convierte en una metáfora de la vida misma: los silencios que separan y las melodías que vuelven a unir.
Ambientada en escenarios rurales y urbanos, la película captura la esencia del México tradicional y el brillo nostálgico de la música ranchera. Cada interpretación de Vicente Fernández es un acto de entrega: su voz, su porte y su mirada dominan la pantalla con la naturalidad de quien no actúa, sino que vive lo que canta. Alejandro, todavía joven, proyecta una mezcla de respeto y rebeldía que marca el inicio de su propio camino en la música.
La relación entre padre e hijo atraviesa momentos de confrontación, ternura y aprendizaje, acompañada por una banda sonora que sirve como hilo conductor. Canciones como “Mi querido viejo”, “Volver, volver” y otras joyas del repertorio ranchero aparecen en momentos clave, dándole a la película una profundidad emocional que trasciende el guion. Cada acorde suena como una confesión compartida entre generaciones.
Visualmente, Mi querido viejo mantiene el estilo clásico del cine mexicano de los noventa: colores cálidos, encuadres íntimos y paisajes que evocan tanto la tierra como el corazón. La dirección de Villaseñor Kuri equilibra lo sentimental y lo musical, permitiendo que las canciones respiren y se conviertan en protagonistas. No es solo una película sobre música: es una película que canta.
Mi querido viejo no pretende reinventar el género, pero sí recordar que la música ranchera es, ante todo, un legado familiar, emocional y cultural. Ver juntos a Vicente y Alejandro Fernández en pantalla es asistir al relevo de una tradición viva. Entre lágrimas, guitarras y sombreros, esta cinta sigue siendo un símbolo de amor filial, orgullo y reconciliación a través del arte.
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Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a @tubi por compartir este increíble película.
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