

El 23 de marzo de 2025, el Parque Bicentenario de Cerrillos en Santiago de Chile se convirtió en un santuario sonoro para miles de fanáticos de Tool. Desde las primeras horas de la tarde, el ambiente estaba cargado de expectación. La brisa fresca del cierre del verano capitalino acompañaba a una multitud que sabía que estaba por presenciar algo especial: una de las bandas más enigmáticas y potentes del rock progresivo moderno.
Cuando las luces se atenuaron y comenzó a sonar la introducción con el pulso hipnótico de Third Eye Heartbeat, el público contuvo la respiración. El arranque con Jambi encendió una descarga de energía colectiva, y a partir de ahí, cada tema fue un viaje sonoro y visual que atrapó a todos. La combinación de imágenes proyectadas y un juego de luces que parecía coreografiado con cada golpe de batería creaba una experiencia inmersiva, más allá de un simple concierto.
Canciones como Stinkfist, Fear Inoculum y Rosetta Stoned demostraron el virtuosismo instrumental de la banda, mientras la audiencia oscilaba entre el headbanging y el trance contemplativo. En Pneuma, la conexión entre músicos y público alcanzó un punto alto: cada compás se sentía como un latido compartido. No faltaron los momentos de misticismo puro con la secuencia Parabol / Parabola, ni el estallido colectivo con Schism y Ænima, que hicieron vibrar el suelo bajo los pies.
Desde la zona más cercana al escenario hasta los puntos más alejados, el sonido llegaba nítido y poderoso. Las miradas entre desconocidos se convertían en complicidad al reconocer los acordes de Vicarious o la intensidad de The Grudge. En el tramo final, I Am the Best no existía; aquí la clausura fue con Vicarious, un momento catártico antes del cierre con un agradecimiento de la banda que dejó a todos con una sonrisa y un poco de incredulidad por lo que acababan de vivir.
Más que un recital, fue una ceremonia colectiva en la que el tiempo se diluyó. Tool no necesita discursos largos ni gestos grandilocuentes: su música habla por sí misma y genera un lenguaje común entre quienes la escuchan. Salir del Parque Bicentenario después de esa descarga fue como regresar de un viaje profundo, con la mente y los oídos todavía resonando.
Ver a Tool en vivo en un festival como Lollapalooza Chile es confirmar que su propuesta sigue siendo única e irrepetible. El público no solo asistió a un concierto: formó parte de una experiencia sensorial completa, de esas que se atesoran y se recuerdan durante años.
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Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a @TOOL por su enorme actuación en este increíble concierto, a @_fpc por compartirlo y a @YOUTUBE por subirlo en su plataforma. Su esfuerzo para subir contenido de calidad no solo enriquece la comunidad musical, sino que también brinda a aficionados de todo el mundo la oportunidad de revivir momentos mágicos y descubrir nuevas joyas musicales.
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